Ya no hay más qué decir

Ya no hay más qué decir

¡Qué ironía!

Me empeñé en buscar la manera de no lastimarte
y resulté herida de muerte.
Trepé entre las ramas para evadirte
y quedé enredada en ellas.

Deseé que nunca dijeras las dos palabras,
y ahora escucharlas, retumban en mis anhelos.
La distancia que se acortó con el germinar de líneas
se hizo mayor al entablar una conversación.

La mágica esencia
pasó a ser una hoja seca vulnerable en el suelo.

Todo ha de quedar como un recuerdo
o quizá como un extraño sueño del que logré despertar,
pero no consigo sus momentos olvidar.

Continuaremos como pillos en la noche,
colándonos entre las sombras.

Continuaremos enviando señales dispersas,
que como humo de cigarrillo se desvanecen en el espacio.

Continuaremos batallando con el arma de la indiferencia.

Continuaremos colocando sobriedad donde debería haber locura.

Continuaremos siendo lo que somos,
pero cada quien por su lado.

…y es que,
ya no hay más qué decir.

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3 comentarios en “Ya no hay más qué decir

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