Comencé por lo que domino: el diseño gráfico digital;  luego, me aventuré al moldeado de alambres (lisos y de púas)  y a la magia de los pinceles y pinturas 

‘‘Hábeas Corpus’’, mi aventura entre alambres, pinceles y pinturas

En lo que respecta al arte, desde que tengo uso de razón me he inclinado hacia la música.

Considero a la música como la manifestación de arte más maravillosa, el oxígeno que respiro y la sangre en mis venas. Quizá sea por el hecho de que soy bisnieta, nieta e hija de músico. No lo sé; pero lo que sí es innegable, es que sin música se me torna tan sombrío el entorno. Y no es escuchar en todo momento una melodía o canción; con el simple hecho de que existan sonidos y logren ser conjugados, la mágica esencia se produce.

Definitivamente, amo a la música. Sentirla invadiendo mis oídos, hacerla germinar entre mis dedos cuando compongo una letra o al tocar el piano, la guitarra, la flauta, la harmónica o la kena. Wow! Realmente, es sobrenatural; al punto de lograr cortarme la respiración y hacer brotar lágrimas en mis ojos o sonrisas en mi boca.

Sin embargo, desde hace unos meses comencé a virar mi atención hacia el arte, pero en otra lid: las artes visuales; y no sólo para admirarlas y disfrutarlas como lo había venido haciendo, sino para formar parte de ese grupo de seres que las materializan.

Y todo, se produjo a partir de una pauta: el diseño de piezas para la exposición “Esto no es una historia …es ya” que tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo Mario Abreu (MACMA), en Maracay – Venezuela, desde el pasado mes de abril hasta junio. Allí, la vibrante energía de los artistas y las personas involucradas en la actividad, me abrazó fuertemente.

Pese a que durante esos días mi musa se había tomado un asueto y una cruel congoja aún se encontrada estrangulando mi corazón, el saber que estaba trabajando en pro del arte, luego compenetrarme en los espacios donde se realizó la exposición y compartir con los artistas antes y después del montaje total del show, me hizo sentir algo más que orgullo por una labor cumplida …todo esto me empujó a emprender algo …y definitivamente, es algo muy bueno que ha hecho despertar en mí, dotes que ni en mi imaginación estaban presentes. Por ejemplo, tomar un pincel, engalanar su punta con pintura y luego hacerlo danzar sobre una base como bailarina profesional.

Comencé por lo que domino: el diseño gráfico digital;  luego, me aventuré al moldeado de alambres (lisos y de púas)  y a la magia de los pinceles y pinturas 
Comencé por lo que domino: el diseño gráfico digital; 
luego, me aventuré al moldeado de alambres (lisos y de púas) 
y a la magia de los pinceles y pinturas

Caray! Realmente, esto es un éxtasis. Pero aún es más extraordinario la manera en cómo se ha colocado a mi lado gente valiosísima que me ha guiado en este nuevo transitar. Artistas y conocedores de la materia que pese a mi modo amateur de ejecutar arte, me han ayudado. Tanto así, que como mentores me encaminaron a finalizar un proyecto y logré colocar mi primera obra de arte denominada “Hábeas Corpus” (específicamente una instalación) en la carrera por integrar el 37 Salón Nacional de Arte Aragua. No resulté entre los seleccionados, pero me quedó el orgullo de poseer mi planilla de inscripción que data con el N° 0308 y las ganas de continuar esta senda.

Maqueta de cómo se vería “Hábeas Corpus” en el MACMA Pues sí, mi primera obra; y además de agradecerle a Dios y a la mágica vibra artística, mis gratitudes a mi mami Digna Espinoza Terán, quien ha apoyado esta locura; a Erick, un GRAN cubano que me auspició el alambre de púas; y a la gente frufruneante de la Alianza Francesa Extensión Maracay, como Mónica Lòpez Moreno y Roberto Zoughon, quienes a modo de mentores, me dotaron de magnas guías tras el contacto impulsado por Franklin Orellano e Aimel Bribeche. Igualmente, a Maud Bigini quien también me aportó vías y a Luisana González por su hospitalidad en la sede
Maqueta de cómo se vería “Hábeas Corpus” en el MACMA
Pues sí, mi primera obra; y además de agradecerle a Dios
y a la mágica vibra artística, mis gratitudes a mi mami
Digna Espinoza Terán, quien ha apoyado esta locura;
a Erick, un GRAN cubano que me auspició el alambre de púas;
y a la gente frufruneante de la Alianza Francesa Extensión Maracay,
como Mónica Lòpez Moreno y Roberto Zoughon,
quienes a modo de mentores, me dotaron de magnas guías
tras el contacto impulsado por Franklin Orellano e Aimel Bribeche.
Igualmente, a Maud Bigini quien también me aportó vías
y a Luisana González por su hospitalidad en la sede

“Hábeas Corpus”

Marco Conceptual

Pese a que el término de Hábeas Corpus es propiamente utilizado en el ámbito jurídico como recurso para lograr la redención de la persona cuando está privada de su libertad ilegalmente, ha sido adoptado para esta instalación a modo de darle fuerza a la mágica esencia y al maravilloso disfrute del ser humano cuando se siente totalmente libre; y en el caso específico de esta obra, se refiere a la propia acción del ser humano en desprenderse del miedo, representado por Metus, palabra del latín de donde nace y nombre del humanoide con corazón de silicón formado de alambres lisos y de púas.

Metus, es ese escudo que se erige el hombre como excusa para protegerse de lo que podría lastimarlo; pero es tan fuerte, armado y rebuscado que se convierte en una colosal cárcel de máxima seguridad que bloquea y desarticula al ser para que éste consiga ejecutar acciones en pro de la materialización de sus proyectos y sueños.

Metus, nace en la mente; y como si fuera un verdugo apocalíptico, rápidamente asalta a todo el ser, llegando incluso a estrangular y dejar inerte al corazón, ese mismo que además de cumplir su función biológica de bombear la sangre a través de las venas, es el que con sus latidos compone la rapsodia perfecta que impulsa a las pasiones, derrumba obstáculos, hace continuar y le abre las puertas al amor.

El hombre, al liberarse de Metus emprende su senda hacia la gloria. Esta parte, recreada a través del humanoide tumbado y desmembrado, rodeado entre los fragmentos de alambres y piedras; aunado a la pintura en acrílico sobre MDF, en la que se conjugaron elementos y colores claves de este perfecto escenario.

El verde, color del crecimiento y la salud, viste al hombre con brazos abiertos y mirando hacia arriba, en su total disposición de continuar la conquista de lo que quiere, envuelto en una fantástica aura formada a partir del corazón rojo, vivo y vibrante que figura su amor propio y por todo aquello que lo rodea, principalmente por su constante transformación -par de olas con juegos de azul- que lo conduce a su éxtasis por las glorias alcanzadas –segmento en amarillo, color del oro y brillo-.

Y aunque en todo proceso de cambios se presentan circunstancias que podrían derrumbar la fortaleza –la lágrima en medio de cada ola-, el hombre libre de miedo se mantiene valiente para persistir con su más pura naturaleza –sonrisa en color blanco-.

Ficha técnica

Autor: Arleth Vitanza Espinoza
Técnica: Instalación
Dimensiones: 150x150x150 cm
Año: 2012

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