A mis colegas, ante el ‘‘blackout informativo’’

A mis colegas, ante el ‘‘blackout informativo’’

Realmente, como profesional me siento indignada al ver cómo algunos colegas intoxicados por el discurso “revolucionario” no se percatan del peligro que acarrea un “blackout informativo”.

Y me refiero puntualmente a mis colegas, ya que por lo menos en las clases de Ética y Legislación de Medios tuvieron en sus manos el Código de Ética del Periodista Venezolano, así como la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la Ley de Ejercicio del Periodismo -sólo por nombrar tres de los ejemplares básicos en nuestra carrera y que durante estos últimos años han sido tratados como coletos-

Señores, nos graduamos para informar -y como lo reza la Carta Magna- “de manera objetiva, veraz y oportuna”; y por ética, sin distinciones de credo o afiliación política. Estamos al tanto que nada de esto ha pasado durante en estos últimos días, así como también estamos en línea de que no ha sido precisamente por acción de quienes tenemos esa labor.

Ante ello, por convicción, por hacerse vista gorda o por conveniencia, varios colegas se han dado a la tarea de publicar en las redes sociales contenidos colmados de intenso vocabulario soez con el que se continúa fortaleciendo la división entre los venezolanos que se ha convertido en una dolorosa llaga, herencia de un macabro discurso del cual muchos aún siguen haciéndose eco.

¡Vamos, colegas! El tema del “blackout informativo” no es un jueguito de metras.

¿Qué pasa? ¿Qué otra cosa es necesaria que pase para que abran los ojos?

Venezuela se ha convertido en una carnicería humana; en un país de aventura extrema, en el que hay que ingeniárselas para lograr llegar con vida a nuestros destinos o encontrar productos de primera necesidad, medicinas y equipos médicos, entre otros; en un país que día a día sucumbe ante la impunidad e indolencia, aunada a la anarquía desbordada, incontrolada y permitida; en un país donde la protesta ha dejado de ser un derecho y es visto como delito; en un país donde se habla soberanía, mientras se le rinden menciones laureadas a granel a un gobierno que mantiene oprimido a sus ciudadanos desde hace más de 50 años; en un país petrolero donde sus calles parecen ruinas de civilizaciones de siglos pasados. Esto, sólo un micro copilado de esta apocalíptica realidad criolla que se continúa excusando en la retórica de los 40 años. ¡Ya basta, caray!

Vale cerrar los ojos por unos segundos y echar un vistazo al “antes de la revolución”. Sí, por supuesto que había un montón de fallas, corrupción, también delincuencia y atropellos; pero vamos a sincerarnos y apartar las líneas del guión: ¿Es esta actual Venezuela en la que siendo más jóvenes nos visualizábamos como adultos?

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