Venezuela en tiempos verbales

Venezuela en tiempos verbales

Desde hace un par de semanas –más o menos- he tratado de mantenerme al margen de temas políticos. Y es que debo confesar que la serie de situaciones que pareciera sacada de un guión de corte inverosímil, realmente comenzaron a afectarme de una manera que no sé ni cómo rayos explicar.

Podía reventar a carcajadas o simplemente sonreír, pero un no sé qué por dentro me convidaba a parar y “aterrizar” en la realidad, haciéndome sentir un algo tan feo y desgarrador que terminaba por acongojarme en niveles extremos.

Entonces –pese a que el escenario actual no es prometedor- decidí retomar los proyectos que desde hace tiempo ya venía plasmando en papelitos, libretas, archivos en la computadora y pare de contar. Me enfoqué; y en poquititos días, logré moldear el show.

¡Qué bueno! …sí, muy bueno. Pero qué tan bueno puede llegar a ser cuando al salir de mi búnker me topo con la asquerosa realidad que abraza a mi país: violencia, anarquía, desabastecimiento, gente haciendo colas a ciegas –sí, a ciegas, porque se ha llegado al punto de que las personas se enfilen sin saber siquiera qué va a llegar-, paredes con grafitis ideológicamente comunistoides, extremistas de lado y lado, huecos, basura, calles oscuras …uy, es una lista extensa, pero voy a pararla aquí.

Sin duda, durante todos estos años de “revolución” siempre se ha mantenido un algo esperanzador; aquello que dicta “esto va cambiar”, “esto va a mejorar” …pero, sigue pasando el tiempo. Ya, quienes éramos jóvenes, somos adultos; los adultos, son adultos mayores; y los niños, son jóvenes. ¿Seguirá el ciclo con este mismo panorama?

Aunque lo normal es que debía comenzar por ahí, ahora es que voy a referirme al título de este artículo.

No soy una sabia de la gramática, pero –con lo que me quedó como estudiante- compartiré un análisis de tipo callejero que he venido realizando inconscientemente desde que arrancó esta “era de izquierda” en Venezuela.

De antemano, pido disculpas a los lectores por uno de los “verbos” que conjugaré en las siguientes líneas.

Futuro [año 1999] > Este hombre joderá al país.
Gerundio [en el intermedio del año 2000 y siguientes]  > El país se está jodiendo.
Presente [desde el año 2009] > El país está jodido
Pasado [desde el año 2013 hasta ahora] > El país se jodió.

Desde hace semanas que me planteé exponer esto, francamente no encontraba la forma.

Específicamente desde el pasado 14 de abril quería hacerlo, luego de enterarme que a sangre fría asesinaron a un joven frente a una clínica en mi ciudad. Él, un profesional que se operaría una hernia -a los dos días siguientes- en ese recinto de salud, al cual acudió aquel lunes 14 para hacerse unos exámenes relacionados con su intervención quirúrgica. Esta fatal víctima del hampa, era gran amigo de mi primo y cuñado de un exalumno de mi madre que a la vez es futuro colega mío.

Hoy, tres hechos –dos de ellos de otra índole- finalmente lograron empujarme a compartir estas líneas.

El primero, lo que vivió una colega mía junto a su hijo. Fueron víctimas de la delincuencia en su propia residencia. El hampón, con la respectiva arma de fuego en mano; el segundo, anécdota de mi vecino en su “cola Mercal”. Desde altas horas de la noche del jueves hasta la mañana de este viernes, estuvo ahí porque según llegaba el pollo. Ni eso ni carne de primera, pero por lo menos consiguió leche; y el tercero, el despedir a otro amigo mío que se fue al extranjero –con la meta de quedarse-. Y ojo, aún me quedan en agenda varios protocolos de este tipo, mientras yace mi corazón agrietado por la parte de mi familia que ya pasó el charco, más otros grandes amigos y colegas que también lo hicieron.

¡Gente! Lo preocupante de esto, es que lo que he usado como referencia “inspiradora” para este texto no son “mitos urbanos” o “cuentitos” que aparecen en las redes sociales, ni nos llegan por correo electrónico o cadena de sms, BBM o Whatsapp. Estos hechos son de tacto. Vemos a nuestra gente y escuchamos sus voces, llegando incluso a salpicarnos mutuamente con nuestras lágrimas producto de la indignación.

Lo anterior –que tan sólo es una minúscula parte de esta película de terror que estamos viviendo-, sumado a los caldeados escenarios que se continúan suscitando en diversos puntos del país desde hace meses, más la estranguladora inflación y la omnipresente  incertidumbre, entre otros espeluznantes aspectos, realmente me hace reconocer que –aunque suene pesimista- sí, “este país se jodió”.

Anuncios

Aquí puedes comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s