Batería de Samsung Galaxy en Venezuela

Batería para Samsung Galaxy en Venezuela: Fue imposible encontrarla, pero hubo final feliz

Cuando mi madre me regaló un Samsung Galaxy, -wow- en mí germinó una mega emoción. Y es que en adición a que estaba frente a Android, una de las novedades más apetitosas del mercado, el hecho de explorar ese nuevo mundo tocando la pantalla se convirtió en una estupenda experiencia.

Venía de ser “niña Blackberry”. Por doquier, sumado a abordar asuntos laborales, me la pasaba tuiteando, haciendo fotos y vídeos, entre otras cosas. Pero, obviamente, el sistema operativo de Google ponía frente a mí un escenario aún más atractivo.

Sin embargo, se sabe que desde hace tiempo ya el concepto de movilidad en Venezuela es casi nulo, por cuanto –fácilmente- puede considerarse aventura de alto riesgo la acción de sacar un teléfono en la calle –o incluso en lugar público cerrado- para funciones tan básicas como responder y/o hacer una llamada, o leer y/o enviar un mensaje.

Pero en mi caso particular, además de lo anterior, el asunto era más complejo: Desde marzo o abril del año pasado, la batería de mi dispositivo se hinchó de tal forma que el aparato duraba encendido alrededor de 20 segundos cuando corría alguna app.

Entonces, cuando tenía que contestar una llamada, por ejemplo, debía conectar el móvil al tomacorriente y estaba al pendiente de la temperatura; cuando se ponía muy caliente el dispositivo, avisaba a la persona que ya debía poner fin a la comunicación. Esto, bajo techo. Y cuando estaba en la calle, simplemente no contestaba o mantenía con un conteo mental para despedir rápido.

Era frustrante, la verdad. Y dígame al momento de redactar un mensaje. Debía hacerlo en tiempo récord, o si no, el teléfono se me apagaba en las manos.

Que ¿por qué no compré una batería para evitar esos inconvenientes? Muy fácil: Gracias a la situación en Venezuela.

Perdí la cuenta de las tientas a las que entraba a preguntar si tenían batería para mi Samsung Galaxy. En todas, escuchaba frases como –No hay , o , –No la tenemos. Pero recuerdo un local en específico, donde la joven que me atendió, al ver el estado de mi batería, expresó como a modo de consuelo –Qué bueno que no te ha explotado.

A partir de ahí, sí que trataba en lo mínimo de utilizar mi cacharro.

Luego de unas semanas, nos comunicamos con Carlos para felicitarlo por su cumpleaños. Él, está en Colombia; es un gran amigo y a quien desde que éramos niños lo he considerado un hermano.

Durante la conversa, Carlos se enteró que aún yo tenía el problemita de la batería. Sin vacilar, me pidió los datos de la batería, la compró y me la envió con un amigo suyo que estaba de visita en territorio neogranadino.

Este fin de semana, uno de los hermanos de Carlos, Francisco, me entregó la batería.

¡Qué felicidad, caray!

A partir de ahora, mi teléfono móvil volverá a fungir –totalmente- como una de mis herramientas de trabajo, mientras es uno de los instrumentos por excelencia para realizar/recibir llamadas, leer/redactar mensajes, e incluso, colocar una imagen decente en mi display de WhatsApp, ya que hasta hace un rato mantenía una con el escrito “La batería de mi móvil continúa sin cooperar …por lo que mi lectura/respuesta puede tardar. Un abrazo!!!”.

Y ya para finalizar, todo esto lo he considerado una experiencia de vida, prueba de cuando lo minúsculo se torna -muy- grande.

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